En los sistemas tradicionales siempre hay un "jefe": banco, procesador, gobierno. Bitcoin no tiene jefe: cada participante guarda las reglas y nadie puede reescribirlas.
Las transacciones se empaquetan en un "bloque" cada ~10 minutos. Dentro: una lista de transferencias y una firma.
Cada bloque referencia el hash del anterior. Cambiar uno antiguo = recalcular toda la cadena.
Todos los nodos guardan la misma copia. Cualquier intento de manipulación es rechazado por la mayoría.
El minado es una lotería. Los ordenadores del mundo prueban billones de números por segundo para que el hash del nuevo bloque empiece con la cantidad necesaria de ceros. Quien acierta primero añade el bloque y recibe la recompensa.
Cuantos más ordenadores se unen, más difícil es el rompecabezas. La red ajusta la dificultad sola para que un bloque se encuentre cada ~10 minutos.
La pública — compártela libremente para recibir monedas. La privada — guárdala como la niña de tus ojos: quien la sabe, posee las monedas.
La dirección donde te envían bitcoin. Puedes ponerla en tu sitio, perfil o la pared del café.
256 bits aleatorios — más combinaciones que átomos en el universo visible. La pierdes, pierdes las monedas. La muestras, las regalas.